Al emprender nuestro viaje para hacer el Camino de Santiago no sabía qué esperar. Siempre me ha gustado mucho caminar, hacer senderismo, estar fuera, etc. También me encanta todo tipo de historia, así que un viaje así me parecía perfecto. Antes de irnos, me acuerdo que tenía miedo que lloviera todo el rato, y al final, no llovió, pero sí que ¡nevó un poco!
Empezamos nuestro viaje en Santo Domingo de la Calzada, del cual recibimos información de Lena y también de Raquel porque ella había hecho su tra bajo de "los personajes del Camino de Santiago" sobre Santo Domingo de la Calzada. Donde nos quedamos la primera noche era un hotel que era parte de un monasterio que era muy cómodo y limpio y que, creo, a todos nos gustó mucho. Esa noche sirvió de escenario para pensar en el camino que tenía por delante, adivinando cómo iba a ser nuestra experiencia, qué ibamos a encontrar, etc. El primer día, después de recibir el primer sello, pasamos por la catedral de Santo Domingo de la Calzada donde vimos arte y nos cantó el gallo (no hablemos que estaba gritando por el hombre que le llevaba la comida). Era un lugar lleno de historia del Camino de Santiago y me gustó mucho.
Desde allí, empezamos nuestro camino, y casi nos perdimos intentando salir de la ciudad, pero vimos el puente y logramos emprender nuestra peregrinación. Al principio todos estabamos más o menos juntos, pero poco a poco fuimos alejándonos, de forma que Raquel y yo (las Raqueles) fuimos juntas. No había casi nadie en el Camino, así que te hace pensar de la vida y cosas "profundas" digamos. Hablamos de nuestra espiritualidad y los peregrinos de las épocas anteriores del Camino de Santiago. Tuvimos bastante tiempo para hablar, de modo que, siento que llegamos a conocernos muy bien, y que, sin esta experiencia, no hubiera sido posible. Al acabar el primer día, llegando a Belorado, hacía mucho tiempo que no habíamos visto a nadie, pero suponíamos que los chicos ya estaban esperando allí. Al llegar llamamos y nos enteramos que éramos las primeras. Sabíamos que no era una competencia, sin embargo, sentía bien saber que habíamos podido mantener un ritmo para llegar en tan poco tiempo.
Al día siguiente, hizo mucho más frío y ¡el barro! Ay, el barro. Pues eran las dificultades con que nos encontramos durante ese día. Sin embargo, al llegar a San Juan de Ortega, me hizo sentir más orgullosa, por saber los desafíos por los cuales que tuvimos que pasar para llegar. La noche en el albergue fue muy interesante. Casi todos los peregrinos del albergue de la noche anterior estuvieron en ese albergue, así que todos hablamos con todos, tomando copas y tapas, charlando de nuestras experiencias en el Camino de Santiago y en la vida. Al dormir, pasamos un poco de frío, para decirlo así.
Al salir de San Juan de Ortega, me daba algo no seguir en el Camino. Quería seguir, dejar todo, y llegar a Santiago. Sin embargo, hay que ser responsable y terminar los estudios. Ese día me prometí que volvería a hacer el Camino de Santiago de verdad. Al llegar a casa esa noche, llamé a mi novio y le conté de todo de mi experiencia y le hablé de que quería haver el Camino con él el año que viene cuando tengamos el tiempo suficiente para hacerlo.
Mi experiencia en el Camino de Santiago fue muy agradable y aprendí mucho, del Camino y de mí misma. Ese viaje me ha dejado el deseo de hacerlo de verdad, y lo haré. Creo que la experiencia del Camino de Santiago, sea de un par de días o mucho más, siempre forma parte de tu vida y te cambia de alguna manera.
